Reconocible a la par que camaleónico, Javier Bermejo tal vez sea uno de los secretos peor guardados de los últimos años en el mundo del cine y el teatro leonés. Habiendo irrumpido tras la cámara con el cortometraje Las becicletas, tildarle de “prometedor” sería cási ofensivo, puesto que no ha parado de trabajar desde entonces. Es difícil encontrárselo por la calle sin que esté de camino bien a alguna función de microteatro o a algún aeropuerto, y salta a la vista que dispone de tres bazas ganadoras sobre las tablas: talento, inteligencia y disciplina. En Media hora (y un epílogo), está a punto de ampliar su ya respetable abanico de registros y demostrar que aún dista mucho de haber agotado su capacidad para sorprender.

entrevistabermejo1Foto: José Luis Campos

Te decantaste por actuar a muy temprana edad, incluso eligiendo en el instituto las clases de teatro por encima del fútbol. Cuéntanos un poco cómo fueron esos primeros días de infatuación con lo que ha acabado siendo tu pasión y tu dedicación principal.

Lo cierto es que surgió todo de una manera inesperada. Como dices, en la época del instituto en mi pueblo, un amigo y yo no sabíamos a qué actividad extraescolar apuntarnos. Era nuestro primer año y estábamos entusiasmados con tanta oferta y, de repente, en plena duda, las chicas de nuestro grupo de amigos nos dijeron que fuéramos con ellas a teatro. No vimos inconveniente, y de hecho estuvimos toda la ESO y todo el Bachillerato haciendo teatro. Los primeros días fueron un descubrimiento absoluto para mí y, sobre todo, un nuevo camino. Tras esos años, comprendí que era lo que me entusiasmaba… y aquí seguimos.

Empezaste en el cine con Las becicletas, un drama de posguerra. Desde entonces has hecho también incursiones en el thriller, el documental y el terror. ¿Existe algún género que no tocarías?

La verdad es que siento haber tocado unos cuantos… ¡pero quiero tocarlos más! (ríe) No ha sido suficiente.

Pese a tus incursiones en el cine y la televisión, nunca has dejado de lado tu pasión por el teatro. ¿Qué significa para ti, en una o dos frases?

El teatro es el auténtico “aquí y ahora”, el verdadero vértigo. No hay marcha atrás. La función empieza a las 21 horas y el público está ahí, esperando a ser enamorado, impaciente; ha pagado la entrada. No hay excusa ni indisposición que valgan; el actor ama esa sensación.

¿Cuánto de tu persona viertes en las actuaciones? ¿Ha habido algún caso en el cual hayas tenido que canalizar alguien o algo que tu “yo” real jamás podría llegar a sentir?

Intento entregar el 100% a cada personaje y en cada función, pero siempre hay aspectos personales que nos acercan a los personajes y otros que nos alejan de ellos. Se trata de aprovechar lo propio que podemos darle al papel y, aquello que no tenemos, vendérselo a la imaginación o a la creatividad para que nos ayude. En cualquier caso, todos tenemos terrenos desconocidos… incluso para nosotros mismos. Se trata de indagar en ellos y “desnudarnos” como actores, con honestidad y entrega.

¿Cuál sería el principal consejo que darías a alguien que desee adentrarse en el mundo de la actuación?

Lo mismo que dijo Fernando Fernán Gómez: Que no se adentre; es muy duro. ¡Es broma! No creo que pueda dar consejos… estoy en el momento de recibirlos.

Hace poco que algunos te descubrimos siendo acorralado y devorado por zombis en Oscuridad blanca, cuyo director, Rodolfo Herrero, forma parte también del equipo técnico de Media hora (y un epílogo). ¿Cómo describirías aquella experiencia, y cómo te sientes ante la posibilidad de volver a trabajar con Rodolfo?

La experiencia, aunque breve, fue fabulosa. También conocí gente con la que luego he trabajado y, concretamente con Rodolfo, lo que puedo decir es que aprecio su talento, su disciplina y su excelente trato. Diré honestamente que me alegré infinitamente cuando supe que estaba en el proyecto. Si lee mi entrevista, aprovecho la ocasión para decirle que cuente conmigo en cuanto pueda (ríe).

entrevistabermejo2Foto: Álvaro Paramio

Recientemente, te hemos cazado en el videoclip del tema Princesa Azul, del legendario Manolo Tena. ¿Cómo surgió esta oportunidad, y qué tal fue el rodaje? ¿Te ha dejado con ganas de hacer más videoclips musicales?

Experiencia dura por la cantidad de horas de rodaje y lugares inhóspitos en los que rodamos, pero extraordinaria por el resultado final y la gente maravillosa que estaba involucrada en él. A raíz de trabajar en el cortometraje Tríptico de Manolo Martínez, fue él mismo quien me llamó para trabajar en este encargo que tenía su productora. Volvería a repetir, por supuesto.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención de Media hora (y un epílogo), y cuál predices que será la mayor fortaleza de la película, una vez finalizada?

El guión es la parte redonda del proyecto. Siempre lo he pensado, con cualquier género; lo fundamental es la historia que se va a contar… el “cómo” es importante, pero el “qué” es fundamental.

Tu personaje es uno de los más oscuros y enrevesados en toda la trama, todo un yang contrapuesto al yin que puede ver todo el que te haya conocido en persona. ¿Cómo te sientes respecto a interpretar a alguien así?

Me siento afortunado de que Epi me haya dado este personaje y tengo que remitirme a alguna de las preguntas anteriores. Tendré que rebuscar en alguna parte oscura de mi alma, de mi ser, para hacerlo carne. Dicen que a los actores nos entusiasman los personajes “malotes” y aborrecemos a los “buenos”… pues dicho queda.

¿Cuál crees que será el mayor desafío del rodaje y, por contra, qué es lo que más te impacienta?

Quizá el entusiasmo me hace no temerle a nada. Mi verdadera impaciencia es escuchar “acción” cuanto antes.

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