En Media hora (y un epílogo), el barcelonés Nacho Loriente es uno de los actores con más experiencia dentro de un equipo artístico, ya de por sí, potente. Poseedor de un carisma innegable, un talante imposible de ignorar y una flexibilidad nata para interpretar a personajes de muy diversas índoles, estamos seguros de que su papel en esta película va a aportar otra dimensión extra a sus ya asombrosas habilidades… Media hora con Nacho, pero todo un mundo en vivencias cinematográficas.

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Tu amor por la interpretación nació, en gran parte, gracias a tu abuela. ¿Puedes hablarnos un poco acerca de tu relación con ella, y sobre cómo te fue introduciendo en este mundo?

Mi relación con ella fue muy estrecha, dado que fui su primer nieto y entre nosotros había muchísima química. Ella era muy protectora conmigo y pasábamos muchas horas juntos. También estaba mi hermano (un año más joven), pero entre ella y yo había un “algo” especial a la hora de ver una película en el cine o en la televisión, que siempre nos llevaba a coincidir en las opiniones acerca de las interpretaciones, el talento que veíamos en algunos actores e incluso a adivinar y “vaticinar” éxito o fracaso en algunos que empezaban.

También me enseñó a apreciar a actores ya clásicos que a ella le encantaban, y a admirarlos, compartiendo las mismas opiniones… como con John Barrymore, George Sanders, Spencer Tracy, Gregory Peck, Peter O’Toole, Alec Guinness o Bette Davis. Incluso me recordaba que Tracy, Peck y Davis, nacieron el 5 de Abril como yo, y buscábamos similitudes.

Por otra parte, ella fue una actriz frustrada, dado que de joven era muy bella y de un gran parecido a Ava Gardner; incluso vinieron un par de productores a “ficharla” del Reino Unido y Estados Unidos, y la cosa no funcionó. Su padre, un hombre muy de aquella época y tradicional, se negó rotundamente, porque su hija no iba a ser una… ¡ya nos entendemos! En fin, fue una mujer extraordinaria, con mucho glamour y que el tabaco nos arrebató con 65 años, pero de la que guardo un tierno recuerdo, y a la cual siempre noto “ahí”.

¿Hubo algún punto decisivo en concreto, en el cual sentiste que ibas hacia la interpretación de cabeza y sin marcha atrás?

Sí; al ver la fabulosa interpretación de Gary Oldman en Estado de gracia, decidí que quería salir en una pantalla o escenario y hacer sentir al público lo que a mí me hacen sentir los actores que me gustan.

Describe tu estilo en una frase.

Escuela británica y de Peter Brook, camaleónico, versátil y pasional… ¡muy Aries! (ríe)

Hay unos cuántos miembros del equipo de Media hora (y un epílogo) que en algún momento han residido en el extranjero, entre ellos tú. Háblanos sobre tu aventura por Gran Bretaña.

Pues al Reino Unido llegué un poco por casualidad, pero con muchas ganas. Siempre había admirado a los actores británicos, y empecé a trabajar en una empresa que nada tenía que ver con mi vocación, pero los socios de esa empresa eran británicos y cada dos por tres me tocaba viajar, así que terminé compaginando mi trabajo con estudios de interpretación allí, junto a alumnos de diferentes países que aprendíamos inglés y arte dramático. Fue duro a la par que divertido, y toda una experiencia. Vivir en Londres, aprender a divertirme interpretando, conocer a los clásicos y ver cómo los niños estudiaban a Shakespeare desde muy pequeños en la escuela, aprendían a amar el teatro (algo que deberíamos hacer aquí)… ¡fue muy positivo e inspirador! Además, pude disfrutar de ver muchas funciones allí de gran calidad. ¡Muy buenos recuerdos! Aunque lo de comer era algo tedioso y me alimentaba más de stout que de comida…

Has aprendido con Peter Brook, cuya obra abarca más de cincuenta obras teatrales, fílmicas y televisivas…

Pues sí; Peter Brook había sido un referente y un nombre que había oído y leído durante toda mi carrera mientras estudiaba y compartía tiempo con maestros que me hablaban de él. Había leído todos sus libros, había visto vídeos de sus obras e incluso algún filme. Compartía totalmente su filosofía y su manera de trabajar, de ver la interpretación, de ver a los actores y de entender el teatro. Y, un buen día, por la asociación de actores profesionales de Cataluña, surgió la oportunidad de pasar con él y su equipo (mientras estaban de gira con Hamlet) unos días ensayando, aprendiendo, compartiendo y sobre todo disfrutando del teatro… ¡y así fue!

Es una persona muy, muy sabia. Tranquilo, sin estridencias; se te acerca al oído para darte una indicación, educación a la enésima potencia, siempre en eterna búsqueda y sin dar nada por seguro. Para él, la duda siempre está latente y hay mil opciones y caminos. Es un “destilador”; busca la esencia y, para él, lo importante es que el espectador salga del teatro con algo en los bolsillos. Decía que el teatro no es el guión, ni la luz, ni la escenografía; ni siquiera los actores. ¡El teatro es el cuerpo de los actores! Y realmente creo que así es.

En fin, podría estar horas hablando sobre todo lo positivo de este genio… pero, en resumen, diré que, de lo que imparto como profesor en mis clases, el 90%, se lo debo a él.

Has estado a las órdenes de una veintena de directores españoles. ¿Qué experiencias son las que recuerdas con más cariño?

Lo cierto es que, afortunadamente, todo han sido buenas experiencias y es muy difícil poder enumerarlas o recordarlas todas; pero en general destacaría la cercanía y la profesionalidad de la mayoría, el saber ser directores y delegar en buenos equipos para dedicarle tiempo a los actores y, a pesar de muchas veces ir ajustadisimos de tiempo, conseguir ensayar, hablar de los personajes, motivar y transmitir ánimo. Algo que en las escuelas deberían enseñar con bastante insistencia a los futuros directores, porque salen de allí solo preocupados por la luz, los planos o las cuestiones técnicas, y se olvidan de que, si los personajes no son creíbles o no hacen al espectador cómplice de la historia o sentirse identificados con ellos, la película al final se queda en nada, por muy bien hecha que esté a nivel técnico. El público no va a ver lo bien que está hecho un travelling o un plano secuencia… ¡Probablemente no saben ni qué es eso!

Resumiendo, muy buenas experiencias y, sobre todo, aprendiendo de todas.

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Trabajaste también con el cineasta alemán Sebastian Schipper, conocido por múltiples filmes, entre ellos Corre Lola Corre. Háblanos sobre vuestra relación profesional.

Bueno, con Sebastian fue algo muy cortito pero intenso. Surgió la oportunidad de poder participar en una película suya, pero finalmente no pudo ser, por cuestiones de idioma. Más adelante, de rebote, acabé trabajando en un spot que rodó en Barcelona y en el que pasamos dos días estupendos y divertidísimos. Es una persona muy abierta a las ideas que le aportan los actores, muy ágil y con mucho sentido del humor. Tiene muy claro lo que quiere y siempre, a pesar de las contrariedades que salgan, tiene una sonrisa y un gesto amable y positivo. No puedo extenderme más, porque fue algo muy cortito pero muy agradable.

El número de actores conocidos junto a los cuales has aparecido en pantalla o escenario supera también la veintena. No te pediremos nombres, pero sí que nos ofrezcas tres o cuatro aprendizajes importantes que te hayas llevado de tu trabajo con ellos.

Básicamente, lo que he aprendido con actores de renombre y conocidos, es a hacer bien “los deberes” y estudiar bien lo que toca interpretar al día siguiente, para no tener que pensar en el texto, y poder “jugar” y ensayar con más capacidad. A estar relajado y tener claro que somos todos somos un equipo y que no hay nadie más importante que el otro. A saber que cada miembro del equipo está haciendo su trabajo y no están pendientes de tu interpretación ya que, en todo caso, eso es cosa del director. Pero el operador de cámara está pendiente del cuadro, del foco… el perchista, del sonidista y de mantener la percha en su sitio; el director de foto está pendiente de la luz… ¡y el actor, de interpretar! Cada uno hace su trabajo lo mejor que puede, y no están juzgándote.

Has trabajado en cine, teatro, televisión, publicidad… ¿hay alguna disciplina que prefieras por algún motivo concreto?

La que mejores sensaciones me produce como actor es el teatro, básicamente porque nadie te interrumpe una vez sales a escena y has acabado con los ensayos. Puedes estar en el personaje de principio a fin durante una hora, o lo que dure la función, además de tener al público delante y notar su energía. Incluso la catarsis, cuando se produce… Pero el cine es algo que me enamora cada día y, durante las etapas de rodaje, vives en un mundo mágico rodeado de camaradas que se convierten en tu familia en ese espacio de tiempo. Es como si el resto del mundo se parase o dejase de existir. Es una sensación mágica; no sólo en cuanto al resultado, sino el rodaje en sí y todo lo que pasa en esos días.

¿Cómo acabaste incorporándote al equipo de Media hora (y un epílogo), y qué fué lo que te hizo inclinarte hacia dar el “sí”?

¡Si te soy sincero, ni me lo pensé! Conocí a Epi hace unos años por algunos amigos en común de su pueblo natal en León, y nos presentaron en el estreno de Las becicletas en Barcelona. Allí diría que conectamos por varios motivos e inquietudes en común, y desde entonces yo he seguido su carrera y él la mía, y tuve la gran suerte y el honor de que pensara en mí a la hora de llevar a cabo esta aventura. Evidentemente, ¿como iba a negarme? El guión me pareció excelente, su valentía más excelente aún y la propuesta de equipo y savoir faire me engancharon enseguida; así que, independientemente de lo buena que es esta aventura de Media hora (y un epílogo), le hubiese dicho que sí a todo.

Tu personaje es tan complejo como la propia narrativa; alguien con una vida y en un momento en apariencia normales que se ve súbitamente arrastrado hacia una situación extrema. ¿Cómo sientes el papel, y la historia en general?

Pues es un personaje que, tal como dices, vive una situación extrema a la que se ve arrastrado, teniendo una vida y apariencia normales… y eso, al ser algo que nos puede pasar a todos, y que incluso en otras circunstancias diferentes hemos podido vivir, por surrealista que parezca, es lo que hace que sea un reto este personaje. Porque necesita, a mi modo de ver, de un equilibrio en el que se palpe esa aparente normalidad sin desvelar nada más, y cómo de pronto su mundo se viene abajo y todo cambia y por motivos que no desvelaremos. Pasa del blanco al negro más oscuro. Es todo un reto y realmente atractivo para mí.

Y la historia en general me parece tremenda, es algo que nunca se ha hecho aquí (que yo sepa); es muy original y contiene muchos aspectos que la hacen muy atractiva. La historia en su totalidad, la forma en que va a ser narrada, los personajes y los vínculos entre ellos, las historias personales que se suceden, el protagonismo que tienen todos… Como ya he dicho alguna que otra vez, un caramelito. ¡Una película que me gustaría ver en el cine!

¿Cómo has descrito la historia a quienes pueden haberte preguntado sobre ella?

Buffff… soy bastante “torpe” para estas cosas. Soy más de decir: cuando la veas, me cuentas. Pero, a grandes rasgos, la he descrito como una historia coral con diferentes puntos de vista, uno de los cuales es que, como el canalizador, me recuerda en algunas cosas a Magnolia, ¡un filme que me encantó! Y lo demás me lo guardo para cuando se haya terminado y se vea el resultado. Sobre todo, lo veo como un filme rompedor, innovador y que te puede atrapar.

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