Pese a hacer gala de un sentido del humor, a menudo negro e irreverente, en gran parte de su obra, bastan cinco minutos de conversación con él (o viéndole en acción) para saber que, para Rodolfo Herrero, el cine y su trabajo no son ninguna broma. Su colección personal de películas y libros relacionados con el cine es digna de presenciar pero, por encima de todo, su visión es tan indoblegable como su determinación, habiéndose forjado una carrera cinematográfica en un ámbito donde los apoyos a menudo equivalen a sálvese quien pueda. Conversamos con él (por supuesto) media hora, acerca de sus trabajos como director, y como ayudante de dirección en Media hora (y un epílogo), y esperamos concordéis con nosotros en que el resultado no tiene desperdicio.

entrevistarodolfo_1 (efe)Foto: Efe

Hacer cine no es barato, y la industria puede ser sumamente hostil para quien se adentra sin un currículo de varios folios o una generosa cuenta corriente. Sin embargo, tú empezaste realizando cine muy joven y de una manera muy independiente. ¿Cuáles fueron los primeros obstáculos que te encontraste, y cómo los encaraste?

Mi principal obstáculo fue conseguir disponer de una cámara de vídeo y, en segundo lugar, de un ordenador. Para mi primer corto, no tenía ordenador (creo que ni siquiera sabía encender uno), y realicé el montaje desde la videocámara a un VHS… ¡con el mando de la videocámara en una mano y el del VHS en la otra!

¿Hubo un momento de revelación concreto como espectador en el cual supieses que necesitabas crear tus propios trabajos cinematográficos?

En mi caso, ha sido la necesidad de contar historias y poder llegar con ellas al mayor número de gente posible. Empecé junto a un amigo publicando cómics en un fanzine, y fue cuestión de tiempo el intentar contar esas mismas historias en movimiento, llegando así a un número mucho mayor de gente.

Sobre la película que para mí fue la revelación, pues Los idiotas de Lars Von Trier. Porque, para alguien que quiere empezar, esta película te quita el miedo. Esta película te dice: ¡olvídate de tus carencias técnicas! si tienes una historia potente, todo lo demás da igual.

¿Puedes hablarnos de tu primerísima experiencia tras la cámara, y tu recuerdo de la misma desde el prisma actual? ¿Cuál ha sido tu mayor aprendizaje desde entonces?

Mi primer cortometraje fue Demuéstrame que me quieres meándome en la cara. En aquella época, estaba fascinado con las películas de John Waters y el gore más enfermizo.

En este rodaje aprendí la importancia de la producción. Recuerdo que necesitábamos unas heces (¿se puede decir esto aquí?) y me empeñé en que no podía ser de “plastiquete”, sino que tenía que ser real. Rodábamos en una casa de pueblo y terminamos dando vueltas buscando un “ñordo” de perro. Sin éxito, volvimos a la casa; el tiempo pasaba y, bueno, pues tras muchos esfuerzos… conseguimos la preciada sustancia… creo que no voy a contar más de esto.

Basta un vistazo rápido a tu colección para ver que tu cinefilia es seria y muy probablemente incurable. ¿Te considerarías fan antes que cineasta? ¿Opinas que ser cinéfilo es necesario para crear buen cine?

Creo que es necesario ver mucho cine y no sólo ver Ciudadano Kane o El padrino (obras para mi magníficas), sino que, para hacer cine de bajo presupuesto, considero que es más importante ver las películas de la Troma o de Roger Corman. Quien empiece en esto y quiera hacer Casablanca, creo que se va a llevar una desilusión.

¿Cuál ha sido la experiencia más dura o que haya aportado el mayor desafío en tu carrera, y qué te llevaste de ella?

Todos los cortos son diferentes; en todos te enfrentas a nuevos retos y cometes nuevos errores. Intento aprender con todos ellos, pero sé que seguiré metiendo la pata. Qué se le va a hacer; tal vez ahí esté el encanto de todo esto.

En cuanto al mayor desafío, tal vez Oscuridad blanca, por el número de gente implicada; lo bueno es que casi todos eran amigos. ¿Qué aprendí? Rodéate de amigos y todo será más fácil, y así fue.

Eres devorador y defensor a ultranza del cine de género, a menudo malentendido y maldecido por parte del público mayoritario. ¿Cómo percibes el renacimiento del terror en años recientes? ¿Qué valores piensas que aportan estas películas al séptimo arte, que tal vez el no iniciado pueda pasar por alto?

Desde mi punto de vista, el cine de género vive un buen momento, si bien es cierto que la mayoría de películas de género de terror no llegan a nuestros cines; pero a día de hoy, con internet, podemos tener acceso a verdaderas maravillas que no llegarán a las salas comerciales… pero, ¡qué ****! Ni falta que hace.

Mientras en España siga la censura de la subvención (la gran mayoría de películas que vemos en las salas han sido subvencionadas), no veremos ninguna película que toque temas realmente serios y desde un punto de vista diferente. Lo que hizo, por poner un ejemplo, Luis Buñuel en plena época franquista es impensable en nuestros días.

Trabajaste con presidiarios en tu cortometraje Culpable. ¿Cómo germinó la idea tras esta historia, y más concretamente tras la decisión de no utilizar actores?

Bueno, hablar de Culpable es complicado, voy a intentar resumirlo, pero me dejaré muchas cosas en el tintero; la experiencia dio para mucho y no todo bueno.

La idea del corto surgió durante un taller de iniciación al cortometraje que les impartí a una decena de presos antes de comenzar el rodaje. La idea era que ellos asumieran todos los roles de un rodaje, llevando yo la dirección. En ese sentido, mi experiencia con los presos fue muy buena e inolvidable; no puedo decir lo mismo de la dirección del centro, quienes, al filtrarse (a través del que fuera director del centro el día del estreno del cortometraje) la noticia de que el protagonista del corto no volvió de uno de sus permisos, me prohibieron la entrada al centro y ni siquiera contestaron a mis llamadas y e-mails.

Estrenaron el corto (en el centro penitenciario) sin mi presencia… Eso, sin mencionar las trabas que me pusieron para rodar; hubo días en los que llegaba allí (con unas horas pactadas para rodar y con material técnico alquilado del exterior) y el funcionario de turno decía que no le había llegado ningún permiso y se negaba a dejarme rodar; ¡vuelta a casa! Una muestra más del hermetismo de esta institución. Aclaro, por si alguien tiene alguna duda, que yo no percibí ni un duro por esto, y el trato era darles un taller de iniciación al cortometraje (el cual di) a cambio de poder rodar un corto con los presos.

Culpable fue una experiencia tragi-cómica para mí; aún a día de hoy no entiendo la manera de obrar de los responsables del centro penitenciario.

¿Cómo te sientes ante las perspectivas de volver a trabajar con gente conocida como Alberto Díaz, Inés Diago o Javier Bermejo?

Es un lujo contar con estos tres grandes actores leoneses. En el caso de Alberto, me une una gran amistad y es alguien que, aparte de ser un gran actor, improvisa muy bien (algo que yo considero fundamental) y crea un buen ambiente de rodaje; es una persona muy divertida que disfruta con lo que hace.

Inés Diago también es una gran actriz, con muchos registros y una gran presencia ante la cámara; es un gran fichaje para Media hora (y un epílogo).

Sobre Javier Bermejo, es sin duda el más prolífico de los actores leoneses, con muchísimos trabajos en su haber, a pesar de su juventud. Tengo muchas ganas de trabajar con él en un proyecto como éste. Coincidimos en Oscuridad blanca, donde hace un papel muy pequeño, nada acorde con sus capacidades interpretativas.

Nos consta que aceptaste involucrarte en Media hora (y un epílogo) casi de inmediato. ¿Qué crees que puede aportar la historia en sí al cine, y al espectador? ¿Cómo visualizas la atmósfera del filme en tu cabeza?

Uno de sus mayores valores es que toda la acción se comprime en apenas media hora; llenar un largometraje de 85 o 90 minutos contando sólamente lo que acontece en media hora es un gran reto y algo diferente; yo no recuerdo ninguna película que se desarrolle con esta premisa.

La atmósfera ha de ser oscura; no sólo porque la acción transcurra de noche, sino por las personalidades de los personajes, y también me imagino una atmósfera algo opresiva. En mente tenemos (salvando las distancias) películas como Drive o Muholland drive.

¿Cómo describirias la historia a alguien que no la conozca?

No quiero hablar sobre el “qué” así que me centraré en el “cómo”. Se trata de una película coral, intimista, en la que todos los personajes juegan un papel fundamental. Una película que invita a la reflexión, y de la que sales del cine comentando los detalles con tu acompañante.

entrevistarodolfo_2 (María Oliden)Foto: María Oliden

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