Tras descubrir su pasión por el teatro de niño y, varias décadas y decenas de obras teatrales y fílmicas más tarde, sentirse igual de cómodo trabajando en producciones cinematográficas de alcance nacional y en obras de teatro exprimental ante un público de treinta personas, puede decirse que Alberto Díaz lleva la interpretación en la sangre. Uno de los actores más únicos e impredecibles de tierras leonesas comparte con nosotros un trocito de su curiosa historia, y sus impresiones sobre Media hora (y un epílogo).

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¿Cómo y cuándo descubriste que tu futuro consistiría en actuar?

He tenido la suerte de tener una abuela y madre manchegas, o lo que es lo mismo, llenas de optimismo, alegría y con una visión de la vida muy especial. Siempre hemos buscado un momento para disfrazarnos, cantar, interpretar y crear locas historias, con el único propósito de disfrutar, disfrutar y disfrutar.

El tener el escenario en casa ha sido el motivo por el que mi primer contacto con el teatro, llamémosle del exterior, fue cuando Elvira (apoyo incondicional e imprescindible en la vida de un titiritero) me informó de la recién creada Escuela Municipal de Artes Escénicas de León. Es ahí donde conozco a Elsa Gay, la persona que despertará en mí el hambre y la pasión por el arte dramático.

Desde hace años, llevas la voz cantante en Lasubmarina. ¿Puedes contarnos acerca de cómo comenzó esta aventura, y las mayores satisfacciones que te ha reportado?

Lasubmarina nace como un laboratorio de ideas junto con María José Pavía, Elena Bandín, Rosario Granel y Natalia Ferreiro. Los primeros años fueron hiperactivos y tocamos muchos campos; recuerdo con especial cariño: Sí, claro que sí, un año de tu vida radiado por jabones Valentín, radionovela en antena durante seis meses y primer contacto con el maravilloso mundo de la radio, Islitis escénica, espectáculo para la firma Wella, La familia Esparaván, teatro infantil, donde pudimos compartir escenario con Elsa Gay, y Obsesionados con el conde, por ser el último espectáculo de esta primera fase y contar con el buen hacer de Belén de la Viuda, Chema Concedeclown y un jovencísimo Javier Bermejo.

Actualmente y llevados por ese espíritu manchego de disfrutar, disfrutar y disfrutar, hemos vuelto a reflotar Lasubmarina Miguel Barajas, Javier Bermejo y un servidor. Todos los espectáculos siempre han sido creación nuestra, lo que nos ha permitido expresar nuestras inquietudes en cada momento.

Sois habituales en funciones de micro-teatro como las que alberga El Gran Café de León. Háblanos sobre el encanto de trabajar en este ámbito.

Como actor, es una bomba. Poder sentir tan de cerca al espectador no tiene precio.

Has trabajado con Fernando Jover, uno de los directores de más renombre en León, en Un paquete de tabaco y Todos somos Adrián. ¿cómo recuerdas el proceso de producción y rodaje de estos cortos tan especiales?

Fernando Jover es de esas personas que huelen a cine; exigente, metódico y muy seguro de lo que quiere. Mientras mi aportación a su filmografía es pequeña, su aportación a la mía es inmensa. Él me puso por primera vez ante una cámara, haciéndome sentir como una pieza más de un engranaje perfectamente engrasado, y despertó en mí el gusanillo del cine. Agradecido eternamente, ¡Maestro!

Participaste en Estirpe de Tritones, uno de los largometrajes leoneses de más repercusión en tiempos recientes…

Me parece un lujo haber podido participar, aunque sea con un papel muy pequeño, en Estirpe de Tritones. De Julio Suárez me seduce su manera de contar una historia y su lucha titánica por hacer cine desde León.

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El cortometraje Oscuridad blanca ha sido descrito por casi toda la gente involucrada como una de las experiencias que más han disfrutado. ¿Por qué crees que fue así?

La culpa de todo la tiene Rodolfo Herrero. Su manera de ver y ejecutar el cine ha hecho que todos los que participamos en Oscuridad blanca seamos incapaces de abandonar a día de hoy el rodaje. El mimo con el que trata a todo el equipo, la facilidad que tiene para transmitirte lo que quiere de ti y la libertad creativa que deja, son la clave para que estemos pidiendo a gritos Oscuridad blanca 2, ¡ya!

Como actor siempre esperas la oportunidad de que te llegue un papel complejo, con alma, que saque lo mejor de ti.

Rodolfo: Te he citado para hablarte de mi nuevo proyecto.
Alberto: ¡Fantástico! Tu dirás.
Rodolfo: He pensado en ti para el protagonista de mi nuevo cortometraje.
Alberto: (Con apenas voz) ¡Ah!… Encantado… sí… ¿de qué se trata?… pero vamos… que
Rodolfo: Quiero que interpretes al Primer Mesías Zombi, con pelo afro y con traje blanco.

Inolvidable rodaje, inolvidables compañeros y sí a lo que necesite Rodolfo.

¿De quién fue la idea de subtitular el lenguaje de los zombis?

Todo estaba en la cabeza de Rodolfo. Era la manera de dar la fuerza y el misticismo que necesitaba el personaje. Para mí, supuso un duro golpe; requería de un gran esfuerzo en la memorización del texto (ríe).

Nos interesa especialmente tu trabajo en Placeres olvidados. El docu-filme etnográfico de temática culinaria es un tipo de trabajo poco habitual, y te acercaste a él desde un ángulo original para contar una historia cómica y sorprendentemente emotiva, obteniendo algunos premios durante el camino. Háblanos de cómo surgió la idea, y cómo te sientes a día de hoy con este trabajo.

Para entender el porqué de Placeres olvidados, hay que entender a Fito y Mariajo, cosa que no es fácil, y menos en los tiempos que corren. Es difícil entender cómo dos personas que regentan un bar gastronómico como es El Somoza se complican y sacrifican tanto tiempo de su vida en la recuperación de valores, costumbres y tradiciones en peligro de extinción. Es difícil de entender, hasta que los conoces y te das cuenta de todo el amor que ponen, de manera altruista, en su cruzada particular.

Con Placeres olvidados, el reto estaba en mostrar todas las historias que hay detrás de un plato como es El Entrecuesto, y el porqué de la necesidad de comerlo en compañía. Fito me brindó la oportunidad de meterme en sus corazones y contar, a mi manera, lo que nunca hubiera sido capaz de ver sin su ayuda.

Es una experiencia que nunca olvidaré. El poder trabajar con profesionales como Rodolfo Herrero, Néstor del Barco y Luis Quiroga. El poder rodar con personas que jamás se habían puesto delante de una cámara y que sin embargo la llenaban y daban sentido al proyecto. El poder haber conocido a Aurita, protagonista indiscutible de esta historia y un amor. El poder haber llevado a cabo una locura de proyecto sin apenas medios y sin presupuesto, todo gracias al entusiasmo del equipo. El poder seguir disfrutando de una gran amistad que ya nos tiene inmersos en un nuevo proyecto.

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Rodolfo te descibió como un gran improvisador. ¿Cuánto dirías que hay de improvisación en tu método? ¿Es algo que varía de medio a medio?

Cuando construyo un personaje, lo primero que hago es procurar entender lo que el director quiere de él. A partir de ahí, si soy capaz de conseguirlo y surge la improvisación, fantástico; ya que entonces será el personaje el que reacciona, y no yo.

Corren oscuros tiempos para la financiación y producción de cine en España, y zonas como León se ven especialmente afectadas. ¿Cómo percibes la posibilidad de involucrarte en trabajos (sean largos o cortos) en la actualidad, y qué dirías a actores y cineastas que deseen continuar trabajando pero duden sobre si merece la pena?

Está claro que no corren buenos tiempos para la cultura. Quizá en ciudades pequeñas aún se note un poco más. Pero esto jamás puede servir de excusa… todo lo contrario; en momentos de crisis es cuando el público más nos necesita.

Pienso que si crees en lo que haces, nada ni nadie te puede poner límites. Con más o menos medios, siempre podremos contar una historia. Hay que bombardear al opresor con la creatividad.

¿Cómo has acabado involucrado en Media hora (y un epílogo), y cuál es para tí el mayor atractivo de este filme?

Aunque sigo a Epi desde Las becicletas, ha sido hace relativamente poco cuando le he podido conocer. Siempre he tenido muchas ganas de trabajar con él, y al leer el guión de Media hora (y un epílogo) me di cuenta que no podía estar fuera de esta historia. Su afición por el teatro, nuestro amigo en común Javier Bermejo y el hecho de que soy muy pesado, han sido los culpables de que esto ocurra.

Para mí, lo más atractivo que tiene el largometraje es cómo historias que aparentemente no tienen nada que ver se van uniendo de forma mágica en un espacio de tiempo determinado. Me parece una valentía por parte de Epi lanzarse a esta aventura y que así León vuelva a tener la oportunidad de hacer cine. ¡A muerte con este proyecto tan nuestro!

Tu personaje es, a nuestro parecer, uno de los más complejos de interpretar, uno de los que menos hablan y, aun así, uno de los más cruciales. A menos de dos meses de iniciarse el rodaje, ¿cómo lo ves?

Lo veo como una oportunidad única; un personaje así es un reto maravilloso. Me va a dar la oportunidad de ver el mundo desde una posición muy distinta a la que tengo, de sentir el fracaso a la par que la libertad, de sentir la miserias de la sociedad a la vez que las de uno mismo. Por mi parte, sólo queda que trabajar y trabajar para combatir el ansia por empezar.

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