Uno de los mejores ejemplos de dedicación, perseverancia y pasión por la interpretación en nuestro elenco es el joven Miguel Ángel Serrano Rubio. Afincado en Madrid y dispuesto a darlo todo para poder desarrollar su talento, ha realizado apariciones en televisión, cine y teatro. Miguel Ángel responde nuestra entrevista durante un casi milagroso descanso de los tres trabajos que actualmente tiene entre manos. Una oportunidad única de conocer a esta gran promesa antes de que su presencia en Media hora (y un epílogo) deje en nosotros una huella imborrable.  

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¿Cuál fué el momento en el que decidiste que querías dedicarte a la interpretación?

No hubo un momento exacto; fueron varias circunstancias en mi vida las que me fueron llevando a lo que realmente me quería dedicar, que era a estar encima de un escenario o delante de una cámara. Desde pequeño me encantaba ser el protagonista y tener a la gente pendiente de mí; fui monaguillo durante muchos años, lo cual, quieras que no… pues estás delante de un público, tienes que leer, y eso sinceramente me gustaba. Creo que ese fue el primer papel que interpreté. Aparte de eso, yo tenía mucha inquietud por lo que se hacía en la televisión; era un apasionado de todas las series que vi en mi infancia, y también de las películas, que bien veía en el cine o en el VHS de aquella época (ríe).

Poco a poco, en el instituto, la gente se iba planteando qué carrera iba a estudiar y yo, pues me encontré con la Escuela De Artes Escénicas de León, concretamente con Margarita Rodríguez, mi primera profesora de Interpretación, la que verdaderamente levantó mi pasión por el teatro… y fue en aquel momento que decidí que tenía que luchar por esto en lo que creo.

Trabajaste a las ordenes de Manuel Gallardo en La venganza de Don Mendo. ¿Puedes hablarnos acerca de tu experiencia interpretando este clásico?

Fue una experiencia muy positiva, no sólo por ayudar a la Casa del Actor, que fue por lo que se realizó esta obra, sino también por poder compartir escenario con actores de la talla de Juan Carlos Naya, Ana Mª Vidal, Manuel de Blas, Paco Racionero, Iñaki Miramón, Beatriz Carvajal, Nuria Gallardo o Jordi Soler, entre muchos otros, en todo un Teatro Español lleno hasta la bandera.

Muchos jóvenes actores se inician ante las cámaras con trabajos en el formato corto; sin embargo tú has aparecido en el largometraje Historias de Lavapiés. ¿Cómo surgió la oportunidad, y qué puedes contarnos respecto a la historia en sí y respecto a tu experiencia en el rodaje?

Uno empieza donde le dejan (ríe)… y bueno, la oportunidad surgió en esta película gracias al representante que tenía por entonces y, la verdad, fue un auténtico privilegio poder ser partícipe de un proyecto en el que, aunque se contaba con poco presupuesto, había una ilusión enorme por parte de todos los actores que pusimos nuestro granito de arena.

La historia es bastante coral y se centra en el barrio madrileño de Lavapiés y todo lo que se mueve en él en cuestiones como inmigración, pobreza, diversidad cultural… Es una historia que te hace reflexionar y que te mueve por dentro.

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Dado lo complicado de la actual situación en España para las artes escénicas, especialmente el cine, ¿qué es lo que te motiva para seguir con tu trabajo?

El momento que estamos pasando es muy complicado y delicado; la cultura tiene un 21% de IVA… una salvajada, en una cosa, que a mi modo de ver, es básica para un país y para una sociedad. Naturalmente, los bajones aparecen y asoman las ganas de tirar la toalla, pero siempre me he mentalizado de que esto es una carrera de fondo, así que seguimos a tope, con ganas de seguir aprendiendo, y la verdad es que, sinceramente, creo que no sé hacer otra cosa (ríe), además, ¿quién dijo que fuera fácil?

Desde tu experiencia, ¿qué dirías a los jóvenes actores que estén introduciéndose en este mundo o deseando hacerlo?

Creo que no soy nadie para dar consejos; sólo sé que uno tiene que hacer lo que quiere, lo que le gusta, lo que le apasiona… y que, si un sueño de verdad se desea, tarde o temprano, se cumple… esa es mi filosofía y mi motivación en el día a día.

A lo largo de la historia hay actores que han alcanzado el éxito interpretando un tipo de papeles similares (a veces se podría decir que incluso interpretándose a sí mismos) y otros conocidos por su impredecibilidad y amplio abanico de registros. En tu opinión, ¿es pereferible alguna de estas dos opciones a la otra?

A mi modo de entender las cosas, uno trabaja en lo que le ofrecen; por eso, para mí es tan lícito hacer un personaje que se asemeje mucho a ti como hacer otro lo más alejado posible de uno mismo. De hecho, cuando haces una prueba, lo que esta buscando el director es encontrar al actor que dé el perfil del personaje, que encaje con el personaje, que se asemeje a él. De todos modos, ¿a quién no le gustaría ser un Javier Bardem o una Blanca Portillo? …por poner dos ejemplos que tienen la oportunidad de hacer personajes alejados completamente de ellos, tanto en caracterización, como en el modo de hablar, etc… o por ejemplo, un actor que me gusta mucho, como es Jared Leto, que en Dallas Buyers Club tuvo un caramelo de personaje.

Has realizado dos apariciones televisivas, en Isabel la Católica y Rumbo a la fama. Háblanos de ambas experiencias, en qué difireron entre sí, y sobre el recuerdo que guardas.

Diferencias, todas. Rumbo a la fama era un programa de televisión que se grababa en Asturias y que se emitía en las autonómicas; consistía básicamente en ir superando galas hasta llegar a la final, tipo Operación Triunfo, pero en la modalidad de la interpretación. Se tocaban varios palos: la improvisación, el monólogo, poner una escena en pie… fue una experiencia muy bonita y tuve la suerte de llegar a la final, así que no me perdí nada de lo que se hizo en el programa. Y bueno, Isabel la Católica fue la primera gran oportunidad; una serie de TV, en prime time, en la 1… y ahí te das cuenta de lo grande que es eso y de lo que mueve. Tengo un recuerdo maravilloso tanto en el trato de producción, de maquillaje, del director y por supuesto de los compañeros con los que compartí escena; un experiencia realmente inolvidable.

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¿Qué sentiste al leer por primera vez el guión de Media hora (y un epílogo)?

Para empezar, una alegría tremenda; siempre que se te presenta un guión lo primero que te viene a la cabeza es ponerlo en pie ¡ya! Y, más que la primera vez que lo leí, me quedo con la segunda; es una historia interesante, en la que se entrelazan muchas narrativas, en la que no sabes muy bien lo que va a pasar, y la verdad, pues con unas ganas tremendas de poder interpretar a ese gamberro que tanto me gusta.

El elenco de la película abarca un buen número de actores leoneses. ¿Qué opinión te merece? ¿Hay alguno con quien hayas trabajado antes o cuya trayectoria conozcas y tengas especiales ganas de compartir proyecto?

Creo que sí; hay muchos actores leoneses a los que claro que sí conozco, no tanto en su trabajo, pero sí personalmente. Para mí es un orgullo que en León se hagan cosas, que haya interés, que haya inquietud… Por ganas, me apetece mucho trabajar con mi brother Javier Bermejo, con el que sí que he hecho alguna cosilla, y al que sigo desde nuestros inicios en la Escuela de León.

León no es una de las zonas más prolíficas en lo referente a la producción de cortos y largos; no obstante los que han salido de esta zona han disfrutado de buen recorrido. ¿Qué trabajos leoneses te han impactado de forma más positiva, y qué crees que puede aportar un filme como Media hora (y un epílogo) a la historia del cine leonés?

De lo que se hace en León conozco muy poco; hace años que decidí que mi sitio como actor estaba en Madrid y las noticias que me llegan de aquí son, básicamente, por medio de lo que leo en el diario. Sé que se mueven cosas, que se hacen cortos e incluso largos; pero por no estar aquí, o por otras circunstancias… no sé, no he tenido la oportunidad de participar.

Por eso me halaga mucho estar, por fin, en algo de aquí, con gente de aquí, y lo que pueda aportar Media Hora (y un epílogo) está por llegar, pero espero que sean cosas muy bonitas, para nosotros y para León.

¿Cuál crees que es la mayor virtud de la historia que se narra?

Lo primero, el título, Media Hora ( y un epílogo), no se puede decir más con menos palabras. Y lo segundo, que es una historia muy coral, en la cual todos y cada uno de los personajes tienen su historia y su función, y además tienen matices; no son planos, y te pueden sorprender en cualquier momento.

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