Retomamos la sección de “Desmontando a…” para mostrar una primera aproximación a las nuevas incorporaciones al equipo.
En la presente entrevista podremos conocer un poco mejor la trayectoria personal y profesional de Carles Moreu, sus influencias y su visión sobre este proyecto de Media Hora (y un epílogo).

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¿En qué momento decidiste dedicarte a la interpretación?

Supongo que un poco tarde, comparado con la mayoría de actores. Primero perdí el tiempo en la facultad estudiando Empresariales durante 5 años. Aunque  de esos cinco, los dos últimos los compaginé con mi primera escuela de teatro, en Barcelona, y a escondidas de mis padres.

Finalmente me presenté a las pruebas del Institut del Teatre, y fue entonces, después de conseguir superarlas, cuando decidí dedicarme a esta maravillosa profesión.

¿Qué te motiva para seguir con tu trabajo?

Es cierto que los momentos son difíciles, y a veces uno tiene la tentación de tirar la toalla, pero cada nuevo trabajo, en esta profesión, implica adentrarse en nuevos mundos, nuevas sensaciones, emociones… No es fácil renunciar a sentirse vivo.

¿Qué dirías a los jóvenes actores?  

Que no tengan prisa. Esta es una profesión en la que la experiencia se gana con el tiempo y el trabajo. Centrarse en el trabajo y en hacer bien las cosas tal vez no les proporcione el éxito profesional de forma inmediata, pero sí es parte del camino a recorrer para conseguirlo. Y no hay mayor satisfacción que el aplauso de un público entregado. Ése es el verdadero éxito.

¿Qué es interpretar?

Cuando interpretas, cuando dominas y conoces una  situación, cuando controlas un personaje y una función, un guión, al milímetro, momento a momento, cuando consigues no pensar el texto en escena, o en el set, sino vivirlo, cuando conoces tanto la obra que la tienes en tu cabeza como un conjunto de partituras (gestuales, emocionales, de movimiento, de acción), llega un momento, para mí, en el que ese personaje y su trama, lo que le pasa, ya son parte de mi vida, de mis recuerdos, de mi experiencia. Y es en ese punto donde el actor, seguro de sí mismo porque no hay un solo detalle de la obra que se le escape, es en ese momento cuando se siente verdaderamente libre y creador. Y es sólo entonces cuando tienes la sensación de tener al público en la palma de tu mano. Tú tienes el control y el poder. Es una de las sensaciones más satisfactorias que conozco.

¿Cuál ha sido tu último trabajo cinematográfico?

Aunque la mayor parte de mi trayectoria audiovisual se ha desarrollado en televisión, mi último trabajo ha sido en cine, con un director novel, Josué Ramos, en una película titulada “Bajo la rosa”, que todavía no se ha estrenado. Este trabajo fue especial  por el planteamiento metodológico a la hora de grabar: los actores no conocíamos el desenlace final, y había un amplio margen de improvisación, con el objetivo de dotar a las secuencias de más verdad y naturalidad. El actor ha de aprender a adaptarse a cualquier exigencia artística. Disfrutará y trabajará más.

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¿Qué te pareció el guión de Media Hora (y un epílogo)?

Creo que un trabajo de este tipo tiene muchos desafíos. La estructura dramática es compleja y envolvente, con situaciones bastante límites, y es un reto, no solo desde el punto de vista de la interpretación,  sino que el continuo juego de tiempos, de cambios de situaciones, de contextos, pondrá sin duda a prueba a todo el equipo de rodaje (director, cámara, script, fotografía..). Creo que es un guión brillante que necesita ser proyectado sobre la pantalla.

¿Cuál es su mayor virtud?

La dinámica de la narración, que te va llevando a los personajes, y que, a fuerza de estirar el tiempo, transforma la realidad, al final, de forma que pareciera la foto de un instante. Mi sensación es la de que uno acaba viendo lo que pasa como con una cámara de esas de alta velocidad, en las que el tiempo se ralentiza.

¿Qué aporta al espectador?

Creo que el espectador participa en ese viaje en el tiempo, casi como un personaje más.
Inquietud, intriga, suspense, y algunas dosis de crítica social son, a mi parecer,  componentes básicos del guión, y llevarán sin duda al público a reflexionar sobre lo visto y sobre su propia experiencia.

¿Qué opinión te merece el reparto y el resto de actores leoneses?

Conozco sobradamente a Saturnino García, no personalmente sino en  la gran pantalla, y va a ser todo un honor trabajar con él. El resto del reparto, aunque no lo conozco (trabajo habitualmente en Madrid y lo cierto es que he coincidido con pocos actores leoneses), es muy variado y ecléctico. Seguro que darán todo de sí.

¿Cuáles han sido tus influencias?

Una influencia clara es José Luis Gómez. Trabajé durante tres años en el Teatro de la Abadía (Madrid), dirigido por él,  donde tuve la oportunidad de profundizar en la técnica de Michael Chéjov, y de trabajar la palabra con José Luis. Lo que aprendí allí me ha venido acompañando durante mucho tiempo.

¿Qué te inspira?

Sobre todo la imaginación. Y el trabajo. Y la observación. Me inspiro en la gente de la calle, o en mis amigos, en lo cotidiano, en la vida, en definitiva. Creo que los grandes actores nos inspiran, además de con su trabajo, con su experiencia vital. La excelencia es la suma de muchos factores.

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